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Odin


En estas Conferencias conviene encarar principalmente la faz religiosa, pues una vez conocida, poseemos el secreto.
Como Héroe hemos elegido a Odin, figura central del Paganismo escandinavo; para nosotros es emblema de extensísima serie de cosas.
Consideremos un momento al Héroe como Divinidad, la más remota forma de Heroísmo.

Creemos que el Hombre a quien llamamos Odin y su Dios principal era eso: un Maestro, un capitán en cuerpo y alma; un Héroe de inmensurable mérito, al que tanto admiraron que rebasaron los límites, llegando a la adoración.
¿No tenía poder para expresar el Entendimiento y ottas muchas cualidades milagrosas? El rudo corazón escandinavo sentiría ilimitada gratitud. ¿No había resuelto para ellos el enigma de la Esfinge del Universo, indicándole su destino? Él fue quien enseñó cómo tenían que obrar, qué esperanzas podían abrigar. La vida era ahora explícita, era melodiosa para él; él fue el primero que dió vida a la Vida. Llamaremos a Odin origen de la Mitología escandinava, Odin, o el nombre que llevó el primer pensador escandinavo mientras fue un hombre entre los hombres. Una vez promulgada su concepción del Universo floreció en todas las inteligencias, acrecentándose incesantemente, grabándose en todos los cerebros como escrita con tinta simpática, haciéndose visible para todos. El gran acontecimiento de la época, enlazado con los demás, es la aparición del Pensador.

La revolución más importante, la efectuada por el mismo Odin, quedó en la sombra para 21 nosotros, como las demás. ¿Cuál fue la historia de Odin? Lo extraño es reflexionar que tuvo historia, que este Odin, vestido a la nistica usanza noruega, con su barba y ojos feroces, y ruda habla nórdica, era hombre como nosotros, con nuestros pesares, alegrías, manos, pies y rasgos fisonómicos, intrínsecamente como nosotros y ¡que llevase a cabo tal trabajó! Pero su obra pereció en gran parte, quedando reducido el agente a su nombre. Wednesday, dirán los hombres mañana; el día de Odín. No hay historia de Odín, tampoco hay documentos, ni conjeturas sobre él dignos de mención.

Relata Snorro, como quien no dice nada, casi en conciso estilo comercial en su Heimskringla, que Odín era un Príncipe heroico de la región del Mar Negro, con Doce Pares y un gran pueblo que necesitaba expansión. Snorro no abriga duda sobre cómo sacó a los Asen (Asiáticos) de Asia, estableciéndolos en el norte de Europa, afirmando fue por expediciones guerreras; inventó las Letras, la Poesía y otras cosas, logrando se le venerase como Dios Principal por los escandinavos, convirtiendo a sus Doce
Pares en Doce Hijos, Dioses como él. Saxo Grammaticus, curioso norteño de aquella centuria, duda menos aun, viendo sin escrúpulo un hecho histórico en cada mito individual, redactándolo como ocurrido en Dinamarca u otro lugar. Torfeo, sabio y cauteloso, indica, algunos siglos después, una fecha calculada, diciendo que Odín llegó a Europa alrededor del año 70 antes de J.C. No mencionamos lo que se basa en meras conjeturas, imposibles de verificar. Mucho antes, muchísimo antes del año 70, fecha de Odín, las hazañas y completa historia terrena, figura y ambiente, desaparecieron para nosotros por siempre en incalculables milenios.

¿Cómo llegó Odín a ser considerado como dios, dios principal? Es cuestión que nadie gustaría de dogmatizar; he dicho que su pueblo sentía por él ilimitada admiración; además, no disponía de escala para medirla. Supongamos que la cordialidad más generosa sentida por el más sublime de los hombres se intensifica hasta rebasar todo límite conocido, hasta ocupar todo el campo del pensamiento. ¿No es posible que el hombre llamado Odin se creyese divino, emanación de Wuotan, Movimiento, Potencia Suprema y Divinidad, cuyo éxtasis le hiciere creer que la entera Naturaleza era su temible Imagen Flamígera, existiendo en él cierto efluvio de Wuotan, puesto que su alma, grande y profunda, arrebatada por la inspiración y la misteriosa marea de la visión y el impulso en él existente, que ignoraba de dónde provenía, lo asustó y maravilló enigmáticamente? No es que falsease, sino que se equivocaba de buena fe. El alma grande, la sincera, ignora lo que es, y como tan pronto planea en las más elevadas regiones como bucea en las más bajas profundidades, es la menos indicada para estimarse. Los datos que obran de extraña manera recíprocamente, los que se determinan uno al otro, son lo que uno supone ser y lo que creen es los demás. ¿Qué pudo pensar que era al verse reverenciado por todos, cuando su indómito espíritu rebosante en nobles ardores y afectos, caótico torbellino de tinieblas y esplendente fulgor desconocido, se veía circundado por el divino Universo que destella deifica belleza, no hallando hombre que fuere su igual?
¿Wuotan? Todos le tomaron por tal

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