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Las Valkyrias

De las confusas materias de la Edda, de los fantásticos cúmulos de asertos y tradiciones de sus Mitologías musicales, parece desprenderse la probabilidad de que aquellos primitivos creían principalmente en las Valkyrias, la Mansión de Odin, el inflexible Destino, y, ante todo, que el hombre debe ser valeroso.

Las Valkyrias eran las Electoras de los Muertos: Destino inexorable que Inútilmente intentaremos desviar o suavizar, que indica al que tiene que morir; éste era uno de los puntos fundamentales para el creyente nórdico, Como lo es ciertamente para los más celosos en todas latitudes, para Mahoma, Lutero, Napoleón, punto básico en hombres como ellos, siendo la Trama del tejido de su manera de pensar. Las Valkirias eran las Electoras Que conducían a los valientes a la celeste Mansión de Odín; los cobardes y Viles iban a otra parte, al reino de Hela, Diosa de la Muerte; eso es lo que considero espíritu de la Creencia nórdica. En su corazón comprendían que era preciso ser valiente; que Odín no los favorecería, que los despreciaría y rechazaría, si no eran bravos. Consideremos su importante significación: Es un deber, lo será siempre, hoy como entonces: hay que ser valeroso. Valeroso quiere decir tener Valor. El primer deber del hombre es vencer el Temor. Precisa rechazar el Temor, pues hasta entonces no podremos obrar. Los actos del hombre son serviles, hipócritas, especiosos; sus pensamientos son falsos, pensamientos de esclavo y de cobarde hasta que logra tener a raya al Temor. El credo de Odín continúa siendo cierto, si logramos llegar hasta su núcleo. El hombre debe y tiene que ser valiente, avanzar siempre, portarse como hombre, fiando sin pestañear en lo dispuesto y preferido por las Potencias superiores, sin temer a nada. Lo que determina siempre su hombría es su decisiva victoria sobre el Temor.

Esa clase de valor de los antiguos nórdicos es sin duda muy salvaje. Dice Snorro que creían afrenta y vergüenza no morir en las batallas, y, si veían acercarse la muerte natural, se herían en sus carnes para que Odín los recibiese como guerreros muertos en lucha. Los viejos reyes moribundos se
hacían llevar a un buque, el cual se alejaba con las velas desplegadas, llevando en sus flancos un fuego lento, de modo que cuando llegaba a alta mar se encendía en llamarada, y así el viejo héroe gozaba de digna sepultura, tanto en el firmamento como en el océano. Era valor sanguinario,
pero valor, mejor que carencia absoluta de él. Los antiguos Vikingos poseían indomable energía. Silenciosos, apretados los labios, los imagino inconscientes de su bravura, desafiando al encrespado Océano con sus monstruos, a todos los hombres y a todas las cosas, progenitores de
nuestros Blakes y Nelsons sin Homero que los cantase; equiparadas a las suyas las hazañas de Agamenón fueron pequeñas audacias infecundas, equiparadas, por ejemplo, a las de Hrolf de Normandía. Hrolf, o Rollo, Duque de Normandía, el feroz Viking participa en el gobierno actual de Inglaterra.

Algo fue aquella vida marítima, errante y batalladora a través de tantas generaciones. Lo que había que zanjar era cuál era la estirpe mas vigorosa de hombres; quién era el que había de reinar. Entre los Soberanos Nórdicos veo algunos que obtuvieron el título de Leñador, Reyes Taladores. Eso significa mucho. Supongo que en el fondo muchos de ellos fueron leñadores y guerreros, aunque los Skalds hablan mucho de los últimos, descarriando a ciertos críticos, porque no hay pueblo de hombres que pueda vivir guerreando solamente, porque no produce bastante. Supongo que el buen guerrero era también buen talador de bosques, bueno y justo, perfeccionador, perspicaz, activo y trabajador en muchos órdenes; porque el verdadero valor es la base de todo, difiriendo bastante de la ferocidad. El
valor mostrado contra la indómita sclva y oscuro Poder brutal de la Naturaleza para conquistarla es valor más legítimo. También nosotros, sus descendientes, hemos ido lejos en ese valor; ¡ojala lo conservemos eternamente!
 
Creo que Odín declaró a su Pueblo con voz heroica y cordial, con celestial solemnidad, la infinita importancia del Valor que trocaba en dios al hombre y que su Pueblo sintió la respuesta en el corazón, creyendo en sus palabras como venidas del Cielo, considerándolo como Divinidad por ser el Mensajero; opino fue ésa la semilla de la Religión nórdica, de la que germinaron naturalmente todas las mitologías, prácticas simbólicas, especulaciones, alegorías. Cánticos y sagas. ¡Cuán extraño fue su desarrollo! Fue lucecita que brillaba agrandándose en la inmensa voragine de las tinieblas; pero hay que considerar que las tinieblas gozaban de vida, que eran el ávido Entendimiento inarticulado e ignorante del entero Pueblo del Norte, que ansiaba articularse cada vez más. La doctrina iba desarrollándose como el árbol banyano, porque lo esencial es la semilla y la rama que se clavaba en la tierra convertirse en nueva raíz, originando infinita complejidad y formando un bosque, una manigua producto de aquella semilla. ¿No podemos afirmar que la Religión noruega sea en cierto sentido la enorme sombra de este hombre? Los críticos descubren alguna afinidad entre algunos mitos noruegos sobre la Creación y los hindúes. La Vaca Adumbla, que lamía la escarcha en las rocas, tiene un aspecto hindú: una Vaca hindú trasladada a las heladas regiones. Es probable; hemos de reconocer que esto está relacionado con las más lejanas tierras, los más remotos tiempos. El pensamiento no perece, lo que hace es variar. El primer hombre que pensara en este Planeta fue el iniciador de todo, siguiéndole el segundo y así sucesivamente, de modo que todo Pensador sincero hasta hoy es una especie de Odín que empeña al hombre su manera de pensar, que proyecta sombra semejante a él sobre las épocas de la Historia del Mundo.

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